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¿Quo vadis, deporte municipal? Mirar al deporte como lo mira la gente

Los ayuntamientos han jugado un papel crucial para facilitar a la ciudadanía el acceso a la práctica deportiva. El despliegue y dinamización de infraestructuras y servicios deportivos ha impulsado que amplias franjas de población hayan incorporado la práctica deportiva dentro de sus condiciones de vida. Durante décadas, los ayuntamientos han concentrado sus esfuerzos en la gestión de los recursos municipales, instalaciones y servicios públicos, llegando a configurarse como organizaciones eminentemente prestadoras de servicios.

No obstante, amplias bolsas de población no alcanzan a día de hoy unas condiciones de vida suficientemente activas. Esta situación supone un reto de primer orden para el abordaje de los principales desafíos a los que se enfrenta Euskadi: envejecimiento, dependencia, sostenibilidad ambiental, reducción de la desigualdad y la exclusión social… Hasta el punto que resulta difícil aventurar una solución sostenible sin conseguir una reducción de los niveles actuales de inactividad física de la población.

Ayudar a la población inactiva a incorporar la actividad física implica, cuando menos, conocer quiénes son esas personas en nuestro municipio, cuál es su perfil, dónde están, cómo son sus hábitos, cuales son los determinantes  individuales, sociales y del entorno físico que actúan sobre ellas, cuál es su experiencia con la actividad física y qué tipo de intervenciones se han mostrado más efectivas en el cambio de hábitos y en su sostenimiento en el tiempo.

Cuando el o la profesional responsable de elaborar las políticas deportivas en el término municipal (equiparable a la figura de policy maker en otros entornos europeos) sitúa en su agenda a la población inactiva, descubre que se trata de una empresa compleja, que no puede llevarse a cabo exclusivamente a través de la dinamización de servicios e instalaciones deportivas, que se hace necesario pasar de una función de prestadora de servicios a una de facilitadora de la actividad física poniendo en juego todos los recursos de la comunidad, públicos y privados, abordando incluso oportunidades que van más allá de la definición habitual de deporte (movilidad activa, actividad física en el trabajo y el currículo educativo, juego libre…).

Se hace consciente la necesidad de una actuación transversal implicando a otros agentes de la comunidad, extendiendo el concepto de “actividad física en todas las políticas” y descubre también que las intervenciones prometedoras según la comunidad científica son las intervenciones multicomponente.  Se trata de intervenciones que combinan distintas acciones a distintos niveles y en distintas áreas coordinadas entre sí y que generan entornos facilitadores de la actividad física.

Desde esta perspectiva, la misión de los servicios municipales de actividad física no puede estar radicada en la prestación de servicios e infraestructuras deportivas -existen en la comunidad otros operadores que pueden proveer a la población de estos servicios- y debería recoger aquello en lo que es difícilmente sustituible y esencial en su actuación: la adopción de políticas efectivas, la creación de las condiciones y los entornos adecuados  para facilitar la vida activa y la adopción de medidas de equidad que generen cohesión y reduzcan la desigualdad.  En el desempeño de esta misión cabe, claro está, la gestión de los servicios deportivos públicos. El objetivo sigue siendo incorporar la actividad física regular a toda la población. Esto obliga a las entidades locales a adoptar nuevas interlocuciones, nuevas estrategias, a ejecutar nuevos programas dirigidos de manera específica a los colectivos excluidos.

Por su visión amplia de la actividad física, por su perfil y por su papel en el municipio, se entiende que la figura de técnico/a deportivo/a municipal, quizá en una versión evolucionada hacia técnico/a municipal de actividad física, debe jugar un papel central. Es probable que los y las profesionales en las entidades locales deban conjugar los roles de prestadores de servicios, de facilitadores de la actividad física y de responsables de elaboración de políticas y programas. En otros casos esas funciones pueden especializarse. En todo caso la elaboración y ejecución de políticas de actividad física es una necesidad apremiante que, en otro caso, deberá ser cubierta por profesionales de otras áreas.

Un buen ejercicio para situarse ante esta nueva perspectiva es mirar al deporte como lo mira la gente: desde sus condiciones de vida, desde la complejidad de factores que afectan a su actividad física. Mi amiga Ane no vivía su experiencia cuando acudía a zumba  pensando si el servicio se lo prestaban desde Deportes o desde Juventud, no circula por el bidegorri para ir a trabajar pensando que eso va a mejorar su hipertensión, piensa en lo bien que estaría tener un sitio cubierto en el que jugar con sus hijas cuando llueve en invierno, en cómo organizar las tardes después del colegio para que ella y sus hijas puedan hacer ejercicio, mira el precio de los servicios para intentar que todo cuadre a fin de mes, trata de encontrar un rato en el que poder encontrarse con su amiga Aintzane, en cómo se las arreglará ahora que su padre ha enfermado y qué podrá hacer si la situación se alarga…

Mirar al deporte como lo mira la gente.

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